Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Santiago Gerchunoff Silberberg

ucm

El estatuto de la crítica V: la autoexclusión de la inteligencia

“Cada día doy menos valor a la inteligencia. Cada día me doy más cuenta de que sólo fuera de ella puede rescatar el escritor algo de sí mismo y la única sustancia del arte.”

(Marcel Proust, Crítica de la inteligencia, en Contra Saint-Beuve, ed. Langre, 2004, p.35)

Si hay un autor en el que resulta problemático distinguir literatura y crítica, narración y razonamiento, poesía y teoría, ese es Marcel Proust. Se suele situar la génesis de En busca del tiempo perdido, su obra magna, en un ensayo inconcluso de teoría y crítica literaria titulado Contra Saint-Beuve. Es difícil, ante la obra de Proust, seguir separando las aves de los ornitólogos, el público de los deportistas de élite: en él  las dos cosas se han mezclado irreversiblemente. Sin embargo, en el texto con el que se abre Contra Saint-Beauve, se titula Crítica de la inteligencia y como se puede ver en el fragmento de más arriba, está en perfecta sintonía, con el posicionamiento  de Sócrates  en el Ión, de Platón según el cual el poeta

“no está en condiciones de poetizar antes de que esté endiosado, demente, y no habite ya más en él la inteligencia. Mientras posea este don [la inteligencia], le es imposible al hombre poetizar y profetizar”

No es difícil ver el paralelismo o la coincidencia entre esta antigua teoría de la inspiración poética de Platón y la teoría de la memoria involuntaria de Proust esbozada por primera vez en esta Crítica de la inteligencia. Así como para el  Sócrates del Ión,  el estado de inspiración o entusiasmo, en el que trabaja el poeta es un estado demente, ajeno a toda intelección, Proust descubre que es sólo desde la inconsciencia, desde fuera de la voluntad, desde fuera de la inteligencia que el escritor puede acceder al verdadero pasado y  “rescatar algo de sí mismo, la única sustancia del arte”.
Pero lo más interesante es que Proust expresa todo esto como introducción precisamente a una obra, el Contra Saint-Beauve, de teoría, de crítica literaria; una obra en la que se tratará, sobre todo de discusiones teóricas, llena de análisis y, cómo no, de inteligencia…Él mismo percibe la  contradicción latente, la duplicidad de demencia e inteligencia, de inspiración y teoría dentro suyo y concluye de la siguiente manera su Crítica de la inteligencia:

“Tal vez sorprenda que, haciendo poco caso de la inteligencia, haya dado como tema a las pocas páginas que siguen precisamente algunas de esas observaciones que nos sugiere nuestra inteligencia, en contradicción con las trivialidades que oímos decir o leemos. En esta hora en que mis horas tal vez estén contadas (¿pero acaso no están así todos los hombres?) tal vez sea muy frívolo hacer obra intelectual. Pero por un lado las verdades de la inteligencia también tienen su interés, aunque sean menos valiosas que esos secretos del sentimiento de los que acabo de hablar. Un escritor no es sólo un poeta. Hasta los más grandes de nuestro siglo, en nuestro mundo imperfecto en el cual las obras maestras del arte no son más que los restos del naufragio de grandes inteligencias, han unido las joyas de sentimiento con una trama de inteligencia en la que no aparecen más que aquí o allá. Y si creemos ver que los mejores de nuestro tiempo se equivocan sobre esta importante cuestión, llega un momento en que uno se sacude la pereza y siente la necesidad de decirlo. El método de Saint-Beuve tal vez no sea una cuestión tan importante a primera vista. Pero en el curso de estas páginas acaso tengamos ocasión de ver que afecta a problemas intelectuales importantes, tal vez al más importante de todos para un artista, a esa inferioridad de la inteligencia de la que hablaba al principio. Y a pesar de todo es necesario pedir a la inteligencia que establezca esa inferioridad de la inteligencia. Pues aunque la inteligencia no merece el máximo galardón, es la única capaz de concederlo. Y aunque en la jerarquía de las virtudes sólo ocupa el segundo puesto, sólo ella es capaz de proclamar que el instinto debe ocupar el primero

(Marcel Proust, Crítica de la inteligencia, en Contra Saint-Beuve, ed. Langre, 2004, pp. 46-47, subrayado mío)

Esto tan agudo, que vamos a repetirlo:

es necesario pedir a la inteligencia que establezca esa inferioridad de la inteligencia

Si Proust empezaba diciendo que el arte sólo puede producirse “fuera” de la inteligencia, termina descubriendo que sólo la inteligencia puede proclamar su propia exterioridad. La inteligencia (¿la crítica, acaso?) tiene una función que podríamos denominar reguladora (recordando a Kant): es externa al arte y al mismo tiempo es condición sine qua non para que el arte pueda ser lo que  tiene que ser (su sustancia)…el exclusivo fruto del endiosamiento del hombre, de su enajenación, de su demencia, de  su hermosa falta de intelección.




escrito el 4 de marzo de 2011 por en General


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