Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Santiago Gerchunoff Silberberg

ucm

La dispersión

Creo que todos los blogs pasan por períodos de quiebra, huecos de silencio; días, semanas o meses en los que la publicación se interrumpe. Más allá de los diversos motivos, esto convierte en un género en sí mismo los posts de reaparición-pedido de disculpas-justificación de la ausencia.  Aquí va el mío. Porque llevo meses sin escribir nada aquí. Vergüenza. Viajes y desorden. Y en los pocos ratos de estabilidad, una dispersión espiritual paralizante. Que no sé cuánto es mía o de todos, de la época. La dispersión. Encontré este texto del amigo David Foster que lo describe muy bien:

“Tengo treinta y tres años y la impresión de que ha pasado mucho tiempo y que cada vez pasa más deprisa. Cada día tengo que llevar a cabo más elecciones acerca de qué es bueno, importante o divertido, y luego tengo que vivir con la pérdida de todas las demás opciones que esas elecciones descartan. Y empiezo a entender cómo, a medida que el tiempo se acelera, mis opciones disminuyen y las descartadas se multiplican exponencialmente hasta que llego a un punto en la enorme complejidad de ramificaciones de la vida en que me veo finalmente encerrado y atrapado en un camino y el tiempo me empuja a toda velocidad por fases de pasividad, atrofia y decadencia hasta que me hundo por tercera vez, sin que la lucha haya servido de nada, ahogado por el tiempo. Es terrorífico. Pero como son mis propias elecciones las que me encierran, me parece inevitable: si quiero ser adulto, tengo que elegir, lamentar los descartes e intentar vivir con ello”

(David Foster Wallace, Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, Debolsillo, 2010, pp. 24-25)

¿Es universal este tipo de inquietud? ¿Todos y en todas las épocas sienten este tipo de angustia? ¿O hay que tener 33 años, ser varón, neurótico, melancólico y vivir en la parte rica del planeta (o de la sociedad, o de la historia), en la era del ocio multiplicado y el juego demenciado de la libertad individual?

En todo caso, hay algunas cosas del texto en las que late indiscutiblemente la época. El stress de la autoconstrucción, sobre todo. Nosotros. Este acá en el que las personas intentan a los 33 años darse fórmulas sobre qué se debe ser si uno “quiere ser adulto”. Un mundo en el que hay muchos niños de 32 años, por tanto. Pero sobre todo un lugar, un momento en el que se puede poner la dificultad de elegir “lo bueno” y “lo importante” en la misma línea, al mismo nivel que la dificultad para elegir “LO DIVERTIDO”. Un momento en el que la cuestión de  la libertad de elección ha sido colonizado por las opciones de ocio, donde la imposibilidad de aburrirse implica una alta probabilidad de agobiarse en el trance de elegir cómo divertirse. No se trata ya de encontrar cómo divertirse, sino de cuál de todas las ofertas de diversión disonibles a cada instante es la mejor. Y esta cuestión se ha vuelto urgente e infinita al mismo tiempo. Nos preocupa. ¿Es terrorífico?



escrito el 27 de Enero de 2011 por en General


2 Comentarios en La dispersión

  1. Marta | 28-01-2011 a las 11:57 | Denunciar Comentario
    1

    También yo creo que la “colonización del ocio” responde bien a por qué esa necesidad de elegir bien, de aprovechar el tiempo, de disfrutar de la vida. También coincido en que es algo inherente a las clases acomodadas del primerísimo mundo. No me imagino que esta angustia existencial típica de la treintena sea universal. No me imagino que sea lo que tengan la mayoría de etíopes en la cabeza actualmente. Ni los etíopes, ni los somalíes, ni los indios, ni los camboyanos, ni los…

  2. sangerchu | 28-01-2011 a las 12:33 | Denunciar Comentario
    2

    Sí, Marta. Yo tampoco creo que ninguno de los que luchan por sobrevivir tengan estas inquietudes. También me doy cuenta que el pensar en esos otros que no tienen esas inquietudes se puede usar para una liberación “espúrea” de esas mismas inquietudes: “piensa en lo mal que lo estarán pasando los pobres y dejate de comerte la olla, disfruta de tus privilegios” No sé. Creo que no es sólo ya el exceso de opciones de ocio y trayectorias vitales, sino también el exceso de auto-análisis de los ricos (como en mi post, como en la literatura de Foster Wallace, que se suicidó en 2008) lo que puede llevar a un callejón sin salida moral. Muchas gracias por tu comentario.

Escribe un comentario

Recuerda que:
  • Las opiniones aquí expresadas serán responsabilidad tuya, y en ningún caso de Aprender a Pensar
  • No se admitirán comentarios que vulneren lo establecido por las leyes y por las Normas de uso de este sitio
  • Aprender a Pensar se reserva el derecho de eliminar los comentarios que considere inadecuados
Los datos serán tratados de acuerdo con lo establecido en la Ley Orgánica 15/1999 de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal, y demás legislación aplicable. Consultar nuestra Política de Privacidad
Aprender a Pensar