Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Santiago Gerchunoff Silberberg

ucm

El autor, otra vez (aún buscando al crítico)

¿Qué es un autor? ¿Hace falta? La pregunta se ha formulado ya muchas veces, pero no puede todavía dejar de formularse. Vuelve. Igual que el autor.

Cuenta Claudio Magris que el primer libro que leyó en su vida, a los seis años, fue Los misterios de la jungla negra de Salgari, una de las grandes aventuras de Sandokán y sus tigrecillos. Ese libro, dice Magris, quedaría destinado a ser El libro, “el primer encuentro con la palabra que contiene y a la vez inventa la realidad”. ¿Quedó entonces, correlativamente, Salgari  marcado para Magris por siempre como El autor? Es interesante ver cómo no:

“Así pues, aprendí a leer con Salgari y, además, las hazañas de Kamamuri y del tigre Dharma quedaron ligadas a la voz que me las contaba, arrastrado por la historia e indiferente al autor, más aún, ajeno en aquel tiempo a qué era un autor o a que una historia lo necesitara, convencido de que las historias se narraban solas y de que los hombres, escritores o no, no tenían más trabajo que repetirlas y transmitirlas. Desde entonces, en cierta manera, siempre he pensado que la literatura, en su esencia, es un relato oral y anónimo; que sería mejor si los autores no existieran o si, al menos, no se identificaran, si estuvieran siempre muertos, como le dijo una vez una niña de Grado a Biagio Marin, u obligados al incógnito y a la clandestinidad

(Claudio Magris, Alfabetos.Ensayos de literatura, trad. Pilar González Rodríguez, Anagrama, 2010, p. 9)

Es innegable que no hay lugar más digno para un autor que  la desaparición, el incógnito o la clandestinidad. ¿Qué cosa llena, insufla más épica a la figura de un autor que su desaparición? Lo saben bien los libreros: en cuanto un autor muere hay que pedir corriendo muchos ejemplares de todos sus libros. Más que cuando le dan un premio. Pero esto responde precisamente a la mitificación moderna de la figura del autor;  no tiene nada que ver (es todo lo contrario) con la irrelevancia, la invisibilidad de la figura del autor para un niño, tan bellamente traída por el recuerdo de Magris. El autor está siempre ya muerto para el niño lector (quizás el grado no ideal sino más simple de la lectura) porque no existe, porque no se le ocurre preguntar por él; se le ocurren mil preguntas sobre la historia, pero no se le ocurre preguntar por el autor. El papel de los hombres, respecto de las historias, es un papel de pura mediación, el trabajo de los hombres es repetir y transmitir las historias.

Esta lectura infantil, que baja del pedestal de la creación al autor, para ponerlo en el lugar de la transmisión, coincide con lo que Platón le hacía decir a Sócrates en Ión, acerca de una especie de  cadena de transmisión de la inspiración de la que el poeta sería sólo un anillo:

“(…) una fuerza divina es la que te mueve, parecida a la que hay en la piedra que Eurípides llamó magnética y la mayoría heráclea. Por cierto que esta piedra [el imán] no sólo atrae a los anillos de hierro, sino que mete en ellos una fuerza tal, que pueden hacer lo mismo que la piedra, o sea, atraer otros anillos, de modo que a veces se forma una gran cadena de anillos de hierro que penden unos de otros. A todos ellos les viene la fuerza que los sustenta de aquella piedra. Así, también la Musa misma crea inspirados, y por medio de ellos empiezan a encadenarse otros en este entusiasmo”

(Platón, Ión, 533 d-e, en Diálogos I, ed. Gredos, 1997, p. 256)

Así, los autores serían un eslabón más en una larga cadena. ¿No acerca (aunque sea un poco) la figura del autor a la del crítico (en general , aquel que  desarrolla un discurso sobre la literatura)? ¿No sería el crítico otro eslabón en esa cadena? ¿No es la crítica también (aunque de otro modo) transmisión del entusiasmo, de la fuerza, de la literatura?



escrito el 27 de octubre de 2010 por en General


Escribe un comentario

Recuerda que:
  • Las opiniones aquí expresadas serán responsabilidad tuya, y en ningún caso de Aprender a Pensar
  • No se admitirán comentarios que vulneren lo establecido por las leyes y por las Normas de uso de este sitio
  • Aprender a Pensar se reserva el derecho de eliminar los comentarios que considere inadecuados
Los datos serán tratados de acuerdo con lo establecido en la Ley Orgánica 15/1999 de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal, y demás legislación aplicable. Consultar nuestra Política de Privacidad
Aprender a Pensar