Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Santiago Gerchunoff Silberberg

ucm

El estatuto de la crítica II: el problema de la inspiración

“Porque no es una técnica lo que hay en ti al hablar bien sobre Homero; tal como yo decía hace un momento, una fuerza divina es la que te mueve, parecida a la que hay en la piedra que Eurípides llamó magnética y la mayoria heráclea.”

En verdad, esa conversación que mantenían el crítico Reich-Raniki y la escritora Anne Seghers en la segunda mitad del siglo XX, no es nada nueva: ha empezado, literalmente, hace miles de años. Ese momento en el que el crítico conversa con un artista al que admira profundamente y se da cuenta que el artista es como un animal, que es completamente inconsciente de su técnica, que produce la mejor literatura, pero no sabe nada de literatura; ese momento ha sucedido ya mucho antes.

El Ión de Platón -al que pertenece la cita de más arriba- fue compuesto hace más de 2400 años. Es una de las llamadas “obras de juventud” de Platón y es una pequeña obra maestra. Quizás tengamos ya (después de miles de años de conversación) tan incorporados los problemas que Platón plantea por primera vez en este diálogo de pocas páginas entre el crítico Sócrates y el rapsoda Ión, -el problema de la inspiración artística, el problema de la responsabilidad (¿autoría?) del artista sobre su arte, el problema de un saber sin técnica, de un conocimiento inconsciente-, que su lectura hoy nos resulte más trivial de lo que fue entonces.

El drama es muy simple. Ión es un gran rapsoda, especializado en los versos Homéricos. Viene de ganar un concurso muy importante (pongamos que hoy hubiera ganado el premio nacional de poesía) y se encuentra con Sócrates que lo somete a uno de sus insidiosos, irónicos y crueles interrogatorios. El filósofo empieza, cómo no, alabando a Ión, a su arte, como algo muy difícil de encontrar, como algo insólito y valiosísimo. La belleza con la que Ión recita, canta, revive la poesía Homérica es inigualable. Digamos que Sócrates presenta a Ión como a un genio, del mismo modo que Reich-Raniki presenta a Seghers. Pero después se pregunta y le pregunta por el fundamento de su genialidad. ¿Cómo ha conseguido llegar a ser un genio? ¿Es él, Ión, el verdadero responsable de su genialidad? Ión no es capaz de explicar cómo hace lo que hace; es evidente, a medida que trastabilla ante las preguntas de Sócrates, que no tiene idea, que no sabe. Aquí, al igual que en la comparación de Reich-Raniki entre los escritores y los pájaros por un lado era laudatoria y por otro despectiva, Sócrates dispara su elogio envenenado: Ión no sabe, porque tanto él como todos los poetas, son seres elegidos, inspirados por una potencia divina. Su fuerza, su talento, no les pertenece. Curiosamente, igual que haría el crítico alemán, Platón-Sócrates decide ponerle alas al artista:

“Porque es una cosa leve, alada, y sagrada el poeta, y no está en condiciones de poetizar antes de que esté endiosado, demente, y no habite ya más en él la inteligencia. Mientras posea este don [la inteligencia], le es imposible al hombre poetizar y profetizar.”



escrito el 6 de Octubre de 2010 por en General


Escribe un comentario

Recuerda que:
  • Las opiniones aquí expresadas serán responsabilidad tuya, y en ningún caso de Aprender a Pensar
  • No se admitirán comentarios que vulneren lo establecido por las leyes y por las Normas de uso de este sitio
  • Aprender a Pensar se reserva el derecho de eliminar los comentarios que considere inadecuados
Los datos serán tratados de acuerdo con lo establecido en la Ley Orgánica 15/1999 de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal, y demás legislación aplicable. Consultar nuestra Política de Privacidad
Aprender a Pensar