Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Santiago Gerchunoff Silberberg

ucm

¿Independiente?

En “Caminar“,  Henry David Thoreu(1817-1862) presenta una simpática “filosofía del deambular” que parte de una defensa del “estado salvaje” del hombre. Empieza así:

“Quiero decir unas palabras a favor de la Naturaleza, de la libertad total y el estado salvaje, en contraposición a una libertad y una cultura simplemente civiles; considerar al hombre como habitante o parte constitutiva de la Naturaleza, más que como miembro de la sociedad”

Caminar sin fin alguno, sin lugar al que volver, deambular infinitamente, es para Henry David  una buena representación de ese “estado salvaje” de esa pertenencia a la naturaleza incivilizada.

Thoreau se toma en serio la desconexión de todo lo social que implicaría un verdadero caminar sin-rumbo, sin lugar al que volver:

“Si te sientes dispuesto a abandonar padre y madre, hermano y hermana, esposa, hijo y amigos, y a no volver a verlos nunca; si has pagado tus deudas, hecho testamento, puesto en orden todos sus asuntos y eres un hombre libre; si es así, estás listo para una caminata”

De modo que el caminante representaría un perfecto individuo-átomo, libre, sin pasado y sin proyecto. Hace poco hubo una película cuyo protagonista era un buen lector de Thoreau y se largaba a una buena caminata en la que brillaba una y otra vez la épica del individualismo radical.

Thoreau, autor del “Ensayo sobre la desobediencia civil” (1849), es uno de los principales pensadores del individualismo radical; pero no puede evitar, al menos en la fantasía, representarse algún tipo de “comunidad” para estos átomos caminantes:

“…disfrutamos imaginándonos miembros de una orden nueva, o mejor, antigua: no somos Caballeros, ni jinetes de cualquier tipo sino Caminantes, una categoría, espero, aún más antigua y honorable. El espíritu caballeresco y heroico que en su día correspondió al jinete parece residir ahora -o quizá haber descendido sobre él- en el Caminante; no el Caballero, sino el Caminante Andante. Un modo de cuarto estado, independiente de la Iglesia, la Nobleza y el Pueblo.”

Aquí hay por lo menos un problema. El  más importante es esta idea de “independencia”: ¿verdaderamente se puede ser independiente de todos los poderes sociales? ¿cómo? La comparación con los Caballeros Andantes no es casual: ellos serían el testimonio (medieval) de la posibilidad de esa independencia. Pero ¿cómo podía el Caballero ser independiente? ¿por qué era independiente? ¿de qué dependía su independencia?: de su armadura, de su escudo, de su espada, de su lanza, de su disposición a matar para defenderse.


Así que los bucólicos caminantes thoreauianos, son (si han de existir y ser de verdad, independientes) guerreros, guerreros sanguinarios.  Si el caballero andante se  vuelve un pacífico caminante andante, la transformación es posible gracias a su dependencia (más o menos explícita, más o menos consciente) del orden estatal que allana los caminos, cura las epidemisas y reprime la violencia indiscriminada.

La única  “libertad salvaje” es la libertad del guerrero. Y ni siquiera.



escrito el 26 de julio de 2010 por en General


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