Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Santiago Gerchunoff Silberberg

ucm

El dolor de la pérdida

“Entonces, ser conservador es preferir lo familiar a lo desconocido, preferir lo experimentado a lo no experimentado, el hecho al misterio, lo efectivo a lo posible, lo limitado a lo ilimitado, lo cercano a lo distante, lo suficiente a lo excesivo, lo conveniente a lo perfecto, la risa presente a la felicidad utópica. Se preferirán las relaciones y las lealtades familiares a la ilusión de apegos más rentables; adquirir y agrandar serán menos importantes que conservar, cultivar y disfrutar; el dolor de la pérdida será más agudo que la excitación de la novedad y la promesa. Ser conservador es ser igual a nuestra propia fortuna, vivir al nivel de nuestros propios medios, conformarnos con la ausencia de una perfección mayor que pertenece por igual a uno mismo y a sus circunstancias. Esto es en sí mismo una elección para algunas personas; en otras es una disposición que aparece, con mayor o menor frecuencia, en sus preferencias y aversiones, y por sí misma no se escoge ni se cultiva específicamente.”

(Michael Oakeshott, ¿Qué es ser conservador?, en “El racionalismo en la política y otros ensayos”, FCE, México, 2000, p. 377)


“Ser igual a nuestra propia fortuna, vivir al nivel de nuestros propios medios…” ¿No sería más o menos atinado, teniendo en cuenta esta definición, más o menos vaga, decir que los movimientos ecologistas contemporáneos son conservadores?  Esto no tendría por qué ser un insulto…



escrito el 8 de abril de 2010 por en General


2 Comentarios en El dolor de la pérdida

  1. Adega | 10-04-2010 a las 14:56 | Denunciar Comentario
    1

    Delibes ya decía en “Un mundo que agoniza” que los movimientos ecologistas son conservadores.

  2. sangerchu | 11-04-2010 a las 16:47 | Denunciar Comentario
    2

    No sabía. Gracias por la información. Lo que yo no tengo claro es en qué medida los movimientos ecologistas se reconocen o presentan como conservadores. Me interesa mucho el modo en el que se entrecruzan en nuestra época los discursos conservadores y los progresistas. El peso de los nombres.

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