Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Santiago Gerchunoff Silberberg

ucm

Elegir no elegir

Dos comienzos de dos libros que no tienen nada que ver pero que se parecen mucho:

1 –

“No hay mayor tragedia que tener la misma intensidad, en una misma alma o en un hombre, del sentimiento intelectual y del sentimiento moral. Para que un hombre pueda ser distintiva y absolutamente moral, tiene que ser un poco estúpido. Para que un hombre pueda ser absolutamente intelectual, tiene que ser un poco inmoral. No sé que juego o ironía de las cosas condena al hombre a la imposibilidad de que se dé esta dualidad tan grande. A mi pesar, ésta se da en mí. No fue el exceso de una cualidad, sino el exceso de dos, lo que me mató en vida”

(Fernando Pessoa, La educación del estoico, El Acantilado, 2005)

2 –

“No hay misterio en la felicidad. Los hombres infelices son todos parecidos. Alguna herida de hace mucho tiempo, algún deseo denegado, algún golpe de orgullo, algún incipiente destello de amor sofocado por el desdén -o, peor aún, por la indiferencia-, se aferra a ellos, o ellos a lo que les hizo daño, y así viven cada día en un sudario de ayeres. El hombre feliz no mira hacia atrás. Vive en el presente.

Y ahí está el problema. El presente nunca puede darnos una cosa: sentido. Los caminos de la felicidad y del sentido no son los mismos. Para encontrar la felicidad, un hombre sólo necesita vivir en el instante; sólo necesita vivir para el instante. Pero si quiere sentido -el sentido de sus sueños, de sus secretos, de su vida-, deberá rehabitar el pasado, por oscuro que fuere, y vivir para el futuro, por incierto que sea. Así, la naturaleza pone a bailar delante de nuestros ojos la felicidad y el sentido, y se limita a urgirnos a que elijamos una de las dos cosas.”

(Jed Rubenfeld, La interpretación del asesintato, Anagrama, 2007)

Aparentes dicotomías:

1 – Moralidad vs. Inteligencia, o Inmoralidad vs. Estupidez en el comienzo del cuaderno de Pessoa, como si la inteligencia fuese una especie de astucia para conseguir cosas que se viera limitada por la moralidad (que implicaría, claro, cierto grado de estupidez). Pero lo interesante del texto de Pessoa es que no dice exactamente esto, no se lamenta de haber sido demasiado moral (estúpido), se lamenta de haber sido dos cosas irreconciliables a la vez: moral (estúpido) e inteligente (inmoral). La tragedia no es ni la moralidad ni la inteligencia, sino la mezcla de las dos. La tragedia es la impureza, la no-elección.

2 – Felicidad vs. Sentido o Acción vs. Conciencia en el comienzo de la novela de Rubenfeld, como si la felicidad fuese necesariamente algo estúpido y la inteligencia algo infeliz. De modo que aquí, al revés que en Pessoa, la inteligencia sería una fuente de infelicidad (de sentido, de no-vivir el presente). Pero, otra vez, esto no es exactamente así, porque también para Rubenfeld, la tragedia no es ni la felicidad, ni el sentido, sino la mezcla de las dos, la impureza, la no-elección.

Pero, ¿son reales estas dicotomías? ¿Son posibles esas elecciones? ¿Se puede acaso elegir como sugiere Pessoa, entre ser bueno y ser listo o como sugiere Rubenfeld entre ser actor (felicidad) o espectador (sentido) de la propia vida?

No podemos. Queremos todo. Qué tragedia.



escrito el 24 de Marzo de 2010 por en General


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