Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Santiago Gerchunoff Silberberg

ucm

¿Quién teme al ciudadano Krzyzanowski?

ciudadano krzyzanowski“Lo repito: es un hecho. ¿Acaso no te has dado cuenta de que desde hace varios años en nuestra vida se ha introducido la inexistencia? Poco a poco, en silencio. Aún estamos metidos en nuestro viejo espacio, como tocones en un bosque cortado. Pero nuestra vida está puesta desde hace un tiempo en un montón de leña, y no es para nosotros, sino para otros. Este reloj de pulsera, que está con sus agujas fluctuantes en mi muñeca aún es mío, pero el tiempo ya no es mío, es de otro y no nos suelta ni a ti ni a mi ni un sólo segundo. Porque ¿qué es la muerte? Un caso especial de desesperanza. Sólo eso.”

(Sigismund Krzyzanowski, La nieve roja)

Incluso cuando no se entiende muy bien qué quiere decir, la prosa de  Sigismund Krzyzanowski es profunda y hermosa. Y también triste: en su tono melancólico parece intuirse la fatalidad de su destino de cuentista filosófico a destiempo.

Porque Krzyzanowski tuvo muy mala suerte. Su esplendor creativo, su madurez como escritor coincidió casi exactamente con los años en los que Stalin gobernó la antigua Unión Soviética. No eran años muy filosóficos. No pudo publicar nada en vida. Es increíble pero cierto. Su “realismo experimental” bien pudo ser incomprensible para el público de la época, invisible para los editores rusos de los años 2o’… Pero quizás, y sobre todo, la profundidad irreverente de su prosa filosófica y el delirio de sus sátiras, pudieron ser molestas o peligrosas para los funcionarios stalinistas de la época.  Las palabras de Gorki sobre Krzyzanowski lo dejan claro:

Gorki“Me parece que en nuestros trágicos días, cuando todo el mundo vive con el presentimiento de una gran y desconocida catástrofe, la vanilocuencia maliciosa está fuera de lugar, incluso en el caso de que sea sincera.
La mayoría de la gente no entiende de filosofía. Para ella es como si no se formulara: lo lírico, lo satírico es, según costumbre habitual, aburrido y confuso. En nuestros días parece crearse una nueva gnoseología basada en la acción y no en la contemplación, en los hechos y no en las palabras. Por eso pienso que las obras del ciudadano Krzyzanowski difícilmente encontrarán un editor, y si lo encuentran, entonces, sin duda, deformarán algunos jóvenes cerebros, y esto último, ¿acaso hace falta?”

(citado por Jesús García Gabaldón en la introducción a su edición de “La nieve roja y otros relatos” de editorial Siruela, año 2009)

Mhh. Vanilocuencia maliciosa, deformación de cerebros juveniles, palabras y no hechos, contemplación y no acción. Dan ganas de leerlo, ¿o no?

Bueno, el camarada Gorki tenía razón: el ciudadano K. no encontró nunca un editor.  Y nunca es difícil tener razón para los jefes (las editoriales privadas cerraron en la Unión Soviética en algún momento de los años 20′). Lo único que no deformaba cerebros, era el tristemente edificante realismo social. Y el ciudadano K.  hacía literatura fantástica (proto ciencia ficción, incluso), escribía fabulaciones que cuestionan la esencia de lo real, que alternativamente hacen reír a carcajadas (con el filósofo Kint y su deducción trascendental de la inmordibilidad del codo en “El codo sin morder”) o sentir el horroroso abismo de la idea de infinito con la invención de un artefacto que multiplica el espacio (“El cuadraturín”).

Y todo eso, ¿para qué?



escrito el 1 de Febrero de 2010 por en General


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