Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Santiago Gerchunoff Silberberg

ucm

La educación según Mr. Stevenson (o literatura y pellas)

robertlouisstevenson-in-bedRobert Louis Stevenson casi no cursó estudios en toda su infancia. Aprendió a leer después de los ocho años. Hoy los libros de Stevenson se siguen recomendando en los colegios. En la clase de inglés y también en la de literatura. Se obliga a leerlos  a niños  que odian leer,  niños que han sido escolarizados y han rellenado fichas desde los 2 años más o menos. Lo qué no saben (creo) los educadores actuales es cómo despreciaba  Stevenson las clases. Aquí una pequeña muestra del polémico e imperdible  En defensa de los ociosos:

“Si volvéis la vista a vuestra educación, estoy seguro de que no será de las plenas, intensas e instructivas horas de novillos de las que os arrepintáis; más bien haríais desaparecer algunos de esos mortecinos momentos de clase que pasan entre el sueño y la vigilia. Por mi parte, en mi época asistí a un buen número de clases. Todavía recuerdo que el giro de una peonza es un ejemplo de estabilidad cinética. Todavía, que la enfiteusis no es una enfermedad, ni el estilicidio un crimen.  Pero aunque no me separaría voluntariamente de tales migajas de ciencia, no les tengo la misma estima que ciertas rarezas que aprendí en la calle mientras hacía novillos. No es este el moemnto de extenderse sobre ese portentoso lugar de educación, la escuela favorita de Dickens y Balzac, y productora anual de montones de infames maestros de la Ciencia de la Vida. Baste decir lo siguiente: si un muchacho no aprende en las calles es porque no tiene capacidad de aprendizaje. Tampoco el que hace novillos está siempre en la calle; si lo prefiere, puede ir desde los ajardinados barrios del suburbio, hasta el campo. Puede arrojar algunas lilas al arroyo y fumar innumerables pipas al son del agua contra las piedras. Un pájaro cantará en el matorral. Y puede que, entonces, sea llevado por agradables pensamientos y vea las cosas desde otra perspectiva. Si esto no es educación, entonces ¿qué lo es?”

Es probable que ser un genio descomunal de la fabulación no tenga nada que ver con ser un experto en educación. Los escritores no suelen cantarle a la escuela. Le cantan mucho más, como Stevenson, a lo otro, a lo que pasa cuando uno debería estar en la escuela, pero no está.

El barón rampante

El barón rampante

Hacer novillos, hacer pellas, hacerse la rata, hacerse la rabona, hacer campana, ratearse…escenario fundamental y recurrente de la literatura moderna [a propósito,  hay un piropo porteño que me encanta: “Sos más linda que faltar al colegio”] En cierto modo es lógico: los niños se encuentran en su vida cotidiana (no literaria) casi exclusivamente con propagandistas de la escuela; la literatura en esto es como una especie de tradición oculta.  A la literatura le repugna lo educativo, lo utilitario, lo que hay. La literatura es esencialmente solidaria con las pellas, con la rata, con la huída, con la ruptura del organigrama, con el repentino  cambio de planes.

Me gustaría  elaborar una bibliografía literaria de la rateada, un canon de literatura y novillos. Se me ocurren ahora, además del propio Stevenson, Twain, Proust, Dickens, Calvino, Jünger, Pennac y por supuesto, el gran canto moderno a la rabona: “El guardián entre el centeno” de Salinger. Ahora recuerdo, de hecho,  como originaria insipración de estas líneas, un  artículo de Rodrigo Fresán (de hace 15 años, por lo menos; no lo encuentro en internet) sobre el libro de Salinger que se titulaba, precisamente,  “La gran rata”. La literatura misma sería la gran rata.

Y ¿qué otros podrían entrar en el canon? ¿Lewis Carroll y James Barrie? ¿Sendak y Eggers, recientemente? Se aceptan sugerencias



escrito el 29 de diciembre de 2009 por en General


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