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Santiago Gerchunoff Silberberg

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Esa horrible cosa universal

Wilde3Se acaba de editar en España uno de los grandes clásicos de la eterna batalla contra el realismo: “La decadencia de la mentira” de Oscar Wilde (ed. Siruela)

El ensayo discurre en el orden más o menos  flexible y caótico de un diálogo. Pero aunque no las exponga sistemáticamente, las ideas centrales de Wilde (no del todo separables, pero difícilmente sintetizables en una sola fórmula), son:

1. el arte no es imitación de la realidad, sino creación
2. el arte no imita a la vida, sino al revés, la vida imita al arte
3. en arte no interesa la simple verdad, sólo la compleja belleza
4. el arte no expresa ni refleja su época, porque

“El arte jamás expresa otra cosa que su propio ser”

decadencia mentiraEs decir, el arte es totalmente independiente (“autónomo”, dirían algunos estudiosos hacia el final del siglo XX) de los hechos. No se puede medir la calidad de una obra por su semejanza a esto o aquello, en tanto que “esto o aquello” estuvieran ya dados antes que la obra. Wilde aborrece la triste legalidad de la identidad, de lo “parecido a…”; su convicción es que el arte crea también su propia legalidad (esto significa “autónomo”, precisamente) que es la ley de la belleza.  Sólo importa la belleza que la obra crea, porque de hecho la belleza misma sólo existe gracias al  arte (si seguimos a fondo la idea).

Wilde escribía esto en 1889  contra lo que percibía ya como un avance implacable y nefasto del realismo. No estuvo sólo ni fue el primero en la resistencia.  También  Baudelaire, por ejemplo, loaba el “amor a la mentira” , aborrecía el invento de la fotografía y se indignaba contra la precisión  realista de algunos pintores  de su época:

“¡Es desolador, la gente pinta cada vez mejor!” (Salón de 1845).

¿Qué pasó después, en el siglo XX? ¿Hasta dónde se expandió el realismo?  ¿Siguió pintando la gente cada vez mejor? ¿Qué pasa hoy, en la era digital? ¿Ha ganado el realismo la batalla final?

LA VIDA EN DIRECTO

LA VIDA EN DIRECTO

No es fácil de decir, pero en todo caso, los medios técnicos (la fotografía, el cine, la televisión, internet y las herramientas digitales en general) han  potenciado su expansión. Por no hablar de las derivas sociologizantes o de las tendencias confesionales,  egóticas, autoreferenciales de la narrativa contemporánea, que no necesitan de ninguna tecnología más que del imperio silencioso del psicologismo…

En el paroxismo realista de la era post-industrial (¿post-autónoma?), como manifestación suprema de la decadencia de la mentira, nos encontramos  al arte narrativo  convertido  en “reality show”, Gran Hermano, la vida en directo la sumisión completa de la obra a la realidad,  la abolición de todas las mediaciones,  la extenuación de la belleza por el  patético triunfo de lo real…

Pero el triunfo no puede ser total. En todo caso, frente a  la estafa  de la vida en directo, contra la moralina mediocre del psicologismo, las palabras de Wilde siguen sonando salvajes y luminosas:

“Las únicas personas de verdad son las que nunca existieron, y si un novelista tiene la vileza de tomar de la vida sus personajes, al menos debería aparentar que son creaciones y no hacer alarde de que son copias (…) El hecho es que lo interesante de las gentes (…) es la máscara que porta cada cual, no la realidad que hay detrás de la máscara. Es humillante confesarlo, pero estamos todos hechos de la misma pasta. En Falstaff hay algo de Hamlet, en Hamlet hay algo de Fasltaff. El caballero obeso tiene sus rachas de melancolía, y el joven príncipe sus momentos de sal gorda. Donde diferimos unos de otros es en lo puramente accidental: en el vestir, los modales, el tono de voz, las opiniones religiosas, la apariencia externa, las pequeñas manías, etc. Cuanto más se analiza a las personas, más se esfuman las razones para analizar. Antes o después se llega a esa horrible cosa universal que se llama naturaleza humana.”



escrito el 4 de noviembre de 2009 por en General


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2 Enlaces externos en Esa horrible cosa universal

  1. 1

    […] hago telebasura, sino neorrealismo televisivo” escrito el 8 de Noviembre de 2009 por sangerchu en […]

  2. 2

    […] Desde su nacimiento (o desde el nacimiento de su autoconciencia) se da por sentado que el arte imita a la vida. Mímesis es el concepto central en las discusiones filosóficas sobre arte en la antigüedad. Pero como venimos recordando en este blog, la atribulada historia del arte dió lugar después de la modernidad a la idea contraria:  “La vida imita al arte”. […]

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