Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Santiago Gerchunoff Silberberg

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Campanella y la metaficción como coartada (1)

Vi la última película de J.J. Campanella y no me gustó casi nada. La verdad que desde los primeros minutos, los diálogos hiperingeniosos, hipercalculados, hiperargentinos, artificialmente coloquiales, me pusieron en contra de la película y me convertí en un espectador frío, atento al fallo, meramente crítico. Y como se trata, en todo caso, de un guión arriesgado, en donde todo está agarrado por alfileres, si te le pones en contra, casi todo te molesta. Pero hubo una escena cercana ya al final de la película que me molestó especialmente, y al tratar de explicar (o explicarme) qué es lo que me molestaba tanto en esa escena me vi embarcado en un gran rodeo mental en el que paseaba por muchas otras películas y muchos otros libros sin llegar a una conclusión demasiado clara. Nombraré  lo que me molestó como el uso de la metaficción como coartada.

Yasutaka TsutsuiIntentaré reproducir algo de ese rodeo sin querer (o sin poder) llegar a una conclusión clara (lo cual confío que está permitido en un blog como este en el que se buscan sin más,coartadas para dar rodeos mentales sin llegar a conclusiones claras)

¿Qué es exactamente la metaficción? Como recurso de ficción, la metaficción sería simplemente la reflexividad de un texto ficcional, la capacidad de ese texto para hablar sobre sí mismo, para introducir alguna instancia (personaje o situación) en la que la propia obra o el autor se conviertan en tema o en protagonista. En plan gamberro, me gusta la definición del delirante autor japonés Yasutaka Tsutsui, denominado como el “gurú de la metaficción”. En una entrevista de 2007, dice:

“Bueno,  yo no he sido el pionero de la metaficción. Hubo mucho antes numerosos escritores que la utilizaron. El escritor está implicado en la historia, hace tonterías y los personajes le hacen trastadas o critican su propia obra, etcétera. Me parece que el primero que empleó la metaficción fue André Gide en Les faux-monnayeurs [Los falsos monederos, 1925]. Y a raíz de entonces es un recurso muy utilizado en el mundo del manga en Japón. Así, por ejemplo, en muchas obras de Osamu Tezuka [clásico fundamental del manga], él mismo sale en la historia y los personajes lo maltratan…eso es la metaficción.”

Pero lo que hay en el fondo de esa aparición (cómica o tragicómica en el caso de Tsutui o Tezuka) del autor como personaje “maltratado” por otros personajes, es la inclusión de una instancia (auto)crítica de la propia obra en la propia obra. Y en este sentido el primero no sería Gide, sino un poquito antes, Platón. Lo que hace Platón en muchas de sus obras en forma de diálogo no es ya solamente incluir una instancia (auto)crítica de cada obra con ella misma, sino una instancia (auto)crítica de la filosofía con ella misma en el momento mismo de su nacimiento como género literario.

La reflexividad y los recursos de distanciamiento en los diálogos platónicos son un tema enorme que no se puede desarrollar aquí (remito por ejemplo al brillante “Ser y diálogo” de Felipe Martínez Marzoa), pero sí se puede apuntar por ejemplo lo que sucede en el Fedro, diálogo en el que se discute (entre otras cosas) el valor de la escritura, de lo escrito, de la grafía como asidero (artificial) del pensamiento, frente al diálogo oral como hogar natural del pensamiento vivo.  Sin entrar en el riquísimo contenido de las intervenciones de Sócrates o Fedro, la puesta en escena misma del Fedro implica un juego de metaficción casi infinito: se trata  en realidad de la representación por escrito de  lo que ocurre en un diálogo oral entre personas que discuten el valor de la representación escrita de lo que ocurre en los diálogos orales entre personas…

(Continuará)



escrito el 21 de octubre de 2009 por en General


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