Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Santiago Gerchunoff Silberberg

ucm

¿Escribir o leer?

20080510212407-camareroborrachoPara un escritor no debería haber disyunción, todos leen además de escribir. Más aun, hoy, en la era de la metaliteratura, en la que hasta los productos más comerciales de la industria editorial tratan sobre otros libros, sobre grandes escritores, sobre la historia de la literatura. Por ejemplo, el  rey de la alta metaliteratura describe  en El mal de montano su vida (la vida del escritor) como la de una rutinaria ama de casa y cuenta que cada mañana después del café y antes de poder sentarse a escribir, tiene que “leer para estimularse a escribir”. De modo que en este caso (y yo creo que es el de muchísimos escritores actuales) no es que no sea posible la disyunción, sino que se lee siempre que se escribe y de algún modo también se escribe cada vez que se lee, aunque sea mentalmente (lo cuál puede ser torturante).

No siempre ha sido así. Por supuesto, la mayoría de los lectores no son escritores, han elegido leer, han desistido de escribir. Pero también existe el caso contrario.

Entre 1923 y 1939, año de su muerte, Joseph Roth publicó 22 novelas, además de relatos, ensayos, libros de viaje y cientos de artículos periodísticos. Roth escribía constantemente, en cualquier lugar, sin necesidad de ningún ritual, con ruido, sólo, acompañado, exiliado, rico, pobre, sobrio o ebrio. Durante sus últimos años, exiliado en París, escribía en el restaurante del hotel en el que se alojaba. Su mesa era como su oficina; la ocupaba durante todo el día desde muy temprano y desde muy temprano escribía y bebía, bebía y escribía. Pero no solamente. Además conspiraba, recibía a amigos y enemigos, conversaba con los otros comensales, los invitaba a una copa de Hennessy…Jamás rechazaba una conversación con la excusa de estar escribiendo; era capaz de cortar la escritura y reanudarla todas las veces que hiciera falta. Bueno, ante esta productividad imparable, algunos críticos lo acusaban de vivir literariamente encapsulado en su obra, que no correspondía estilísticamente a su época; lo acusaban de estar desactualizado, de ignorar  las últimas corrientes literarias. Lo acusaban, en definitiva, de no leer a sus contemporáneos. Al enterarse de estas  acusaciones, según cuenta su gran amigo Somma Morgenstern,  Roth, respondía no sólo que no le interesaba lo que escribían sus contemporáneos, sino que en general, no le interesaba leer. Sólo escribir, esa era su vocación y su deber. Para ilustrarlo, Roth decía, -con esa exageración lúcida de la que sólo él era capaz-, que un escritor que lee es como un camarero que en lugar  de llevar la bebida a las mesas para los clientes, se sentara a tomársela él.



escrito el 15 de Octubre de 2009 por en General


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    […] una vida de escritor (conferencias, entrevistas, debates, etc. ) pero apenas publica. Me acordé de Roth, por supuesto, pero sobre todo, me di cuenta de lo absurdo de la polémica: ¿qué importa que un […]

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