Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Santiago Gerchunoff Silberberg

ucm

Ecologismo y librismo

El otro día la cajera del supermercado me dió un sermón ecológico por pedirle “otra” bolsa de plástico. Se negó y me dio a entender que era un insensible: “Hay que estar más atento, chico, el medio ambiente, que se nos jode, el medio ambiente, chico” (sic). No supe defenderme. No me atreví a hablarle de la doblez de sus empleadores, que utilizan carteles de plástico para hacer campañas anti bolsas de plástico, y tampoco tuve el valor para preguntarle si  su salario aumentaba por adoctrinar a los clientes… Miré para abajo, avergonzado ante las severas miradas de la gente que esperaba en la cola para pagar y aprobaba el sermón, y me las arreglé con una sola bolsa. Hace ya bastante tiempo que me siento algo intimidado por los ecologistas. No digo por la ecología o por el ecologismo, sino por los ecologistas.  Por la implantación social del ecologismo como un nuevo moralismo, una vara de medir lo bueno y lo malo de manera universal e irreflexiva. Pero últimamente empiezo a notar que no estoy solo, que no soy el único intimidado.Hace unos días, Rafael Reig, en una columna titulada el “Eco-apocalipsis“, señalaba con valentía la filiación entre las voces de algunos “documentales” ecologistas que circulan en internet que predicen el fin del mundo para dentro de unos pocos años a causa de nuestras aberraciones anti-ecológicas y las amenazas de los antiguos (y no tanto) predicadores callejeros que intentaban aterrar a los paseantes con la proximidad del apocalipsis a causa de nuestros pecados. Y también se atrevía a hablar de “eco-fascismo”, lo cual creo muy atinado, atendiendo a episodios como el de la cajera eco-adiestrada, que hablan de una enorme implantación social de esta ideología.

Y todavía antes, en este mismo portal, se publicó un muy buen artículo que habla abiertamente de los “eco-inquisidores”, denominación que me parece también muy precisa y que vuelve a relacionar la utilización más radical del ecologismo con el fanatismo religioso y el moralismo.  El objetivo del artículo es refutar (con datos y argumentos racionales) una teoría según la cuál habría que dejar de hacer libros porque estos son malos para el medio ambiente dada su dependencia de la tala de árboles.  Y su autor lo consigue mostrando que las cosas no son tan simples como pretenden los irracionales “forofos” de los árboles, que no necesariamente toda tala de árboles es mala y que en el caso de los libros puede ser incluso buena (para el medio ambiente y para la cultura).

La duda que me queda al leer ese artículo es respecto de la defensa a ultranza del objeto “libro”. No de la defensa del libro frente a los eco-inquisidores, sino en general. ¿No podría ocurrir lo mismo con el “libro” que con la “naturaleza”? ¿Sería tan grave que desaparecieran los libros a manos de los medios digitales? ¿Por qué habría que defender al “libro” a toda costa? ¿No sería esta defensa una caída  en una sacralización (fetichización) análoga a la de los eco-inquisidores con la naturaleza?



escrito el 24 de Septiembre de 2009 por en General


Sin comentarios en Ecologismo y librismo

1 Enlace externo en Ecologismo y librismo

  1. 1

    […] lo dije, no estamos sólos.  Hay más gente harta del jueguito de los plásticos. escrito el 19 de […]

Escribe un comentario

Recuerda que:
  • Las opiniones aquí expresadas serán responsabilidad tuya, y en ningún caso de Aprender a Pensar
  • No se admitirán comentarios que vulneren lo establecido por las leyes y por las Normas de uso de este sitio
  • Aprender a Pensar se reserva el derecho de eliminar los comentarios que considere inadecuados
Los datos serán tratados de acuerdo con lo establecido en la Ley Orgánica 15/1999 de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal, y demás legislación aplicable. Consultar nuestra Política de Privacidad
Aprender a Pensar