Arte visual y hedonismo científico
Leo la última entrada del mejor blog de este portal y como casi siempre, me entran ganas de discutir. La idea contra la que me rebelo esta vez consiste en reducir el Arte plástico a los procesos físicos que la experiencia artística (como toda experiencia) supone o desata. Según los neurocientíficos, y sintetizando mucho (a riesgo de equivocarnos) sus explicaciones, la visión de determinadas perspectivas, formas o colores es en sí misma (prescindiendo de todo análisis simbólico, histórico o sociológico), por los procesos cerebrales que implica, placentera.
Los artistas plásticos (dibujantes, pintores, escultores), sin saberlo, se habrían ido haciendo expertos (intuitivamente, a través del ensayo, prueba y error) en la producción de esas formas, colores, perspectivas que implican placer y descartando aquellas que no lo provocan. Según esta concepción, el Arte “maximiza la eficacia del proceso de generación de asociaciones en la corteza temporal. Y lo hace porque presenta sólo la información relevante de una escena, desprendiéndose de la superflua”
La historia de la pintura sería en verdad la historia del perfeccionamiento de los pintores como físico-químicos, aprendiendo a encontrar aquellas formas, colores, perspectivas que más o mejor desatan aquellos procesos cerebrales que redundan en el “placer” del espectador. Como ejemplo o “prueba” de esta concepción del “arte” se cita el ”síndrome” de Sthendal: al parecer, el gran escritor francés al visitar la galería de los Uffizi en Florencia ”sufrió una conmoción con incremento de la frecuencia cardíaca, mareos y alucinaciones…” lo mismo que si hubiera estado drogado.
Bueno, veamos, ¿por qué resulta tan inverosímil esta idea hedonista del arte? Porque como todo reduccionismo fisicalista deja muchas cuestiones esenciales de lado.
1) ¿No juegan ningún papel en la experiencia artística, en el éxtasis de Sthendal, los motivos simbólicos de los cuadros que contemplaba? ¿Qué pasa con todo aquello que esos cuadros mostraban: coronaciones, batallas, cortes, deidades, ángeles, demonios, vírgenes, caballeros…traiciones, lujuria, engaños, deseos, castigos?

2) ¿Qué pasa con las pinturas que no representan en principio nada “agradable” y sin embargo, nos conmocionan, desde los “martirios” religiosos que abundan en los Uffizi, hasta los turbadores retratos de papas de Bacon pasando por la pintura negra de Goya? ¿Qué hay de la relación fundamental del arte con el mal, con la oscuridad o con el dolor?

3) Si la belleza de las pinturas depende de determinadas configuraciones físicas (ópticas) que afectan al cuerpo del espectador (cerebro, sistema visual) ¿por qué el efecto no es universal? ¿no debería pasarle a todo el mundo (sea cavernicola, monje benedictino o jugador de besibol jubilado) lo mismo que a Sthendal ante los mismos cuadros?

4)Si la grandeza del arte visual, si lo máximo a lo que puede aspirar es a producir el mismo efecto (químico) que una droga, ¿por qué no nos drogamos, directamente?

¿Realmente lo que buscamos en el arte es “placer”?
¿No es evidente que investigando el “placer” no alcanza ni para empezar a hacerse cargo de la complejidad de lo que el arte provoca en nosotros?
[Gentilmente, me contestaron, y en lo comentarios, prosiguió la polémica]



