Nada es imposible en esta era atómica (3)
En Estados Unidos, los años posteriores a la segunda guerra mundial, los años posteriores a las bombas de Hiroshima y Nagasaki (this atomic age), fueron una época marcada por el entusiasmo respecto de cómo la ciencia y los inventos tecnológicos podrían solucionar todos nuestros problemas. Los inventos se aplicaban a los campos más variados: la medicina, la arquitectura, la industria del automóvil, las labores domésticas (nacimiento y gloria del electrodoméstico) y también… el arte. Nuestro héroe, Ray Scott, fue uno de los grandes pioneros en el aprovechamiento y aplicación de los avances científicos a la música. Fue director de orquestas de swing, compuso cientos de obras musicales para el cine y para publicidades.
Además fue uno de los grandes renovadores de las técnicas de grabación en estudio e inventor y pionero (junto, por ejemplo a Bob Moog) de la actual “música electrónica”.
Pero las innovaciones científico musicales de Scott no eran un mero hobby; provenían de su obsesión musical más profunda: la eliminación de todas las interferencias y distorsiones interpuestas entre el compositor y el oyente para el disfrute de la obra. En el mismo texto que cité antes , Scott detalla la cadena de interferencias posibles en la música “del pasado”. Desde el gusto personal de los arreglistas que dan la forma final en que la composición va a ser grabada, pasando por la falibilidad de los músicos que interpretaran la obra, hasta el criterio individual de los ingenieros de grabación que se encargarán de registrarla y editarla (mezclas, filtros, efectos, etc.), la obra está sometida, a infinitas distorsiones que alejan irremediablemente lo que el oyente acaba escuchando, de lo que el compositor originalmente “tenía en la cabeza”. La solución de Scottt fue un radical y megalómano yo me lo guiso, yo me lo como:
“Recién ahora, creo que me las he arreglado para encontrar una forma de solucionar todos estos problemas y presentar mi música del modo que me suena a mi cuando todavía está en mi cabeza.
Inauguré mi propia compañía de grabación “Master Records”. La música es compuesta y arreglada por mí. Todo el proceso de grabación está supervisado por mi, y vendo los discos yo mismo”
Esta solución, -que en los años 40’ era osada y revolucionaria-, hoy suena de lo más común: hace ya algunos años que un músico puede componer y grabar sólo en su casa con la ayuda de un ordenador, para luego, gracias a internet, poder difundir, dar a conocer y vender él mismo su obra, al margen de toda mediación (productores, discográficas, distribuidores, críticos, radios, etc.).
El afán de abolir toda mediación, y la fe en los avances tecnológicos como principal herramienta para cumplir ese afán…esto es lo que me parece más notable en el “caso Scott” (más allá de los ribetes más fantasiosos de su proyecto), porque es una increíble anticipación de nuestra actual cultura de la inmediatez propiciada sobre todo por el desarrollo de internet…
¿Qué son, si no, los blogs, como este mismo, sin ir más lejos? En la actualidad también se sueña (y en cierta medida se cumple) con un individuo, sólo, libre, creativo, que desde su cuchitril, prescindiendo “de todo espacio” que no sea virtual, lanza sus creaciones a la red y sin mediación material o temporal alguna (de corrección, de edición, de impresión, de promoción, de distribución) se conecta con los lectores, también, sólos, libres, in-mediatos (¿inmaculados?), como meros átomos, conectados directamente con otros átomos.
En fin, ya lo dijo Ray: nada es imposible en esta era atómica…



